✖
En el verano de 2023, decidí irme al extranjero como au pair para mejorar mis habilidades lingüísticas y conocer de primera mano una nueva cultura. Tras mucho investigar y enviar numerosas solicitudes, encontré una familia de acogida encantadora en Italia que estaba dispuesta a acogerme durante un año. Esta experiencia enriqueció mi vida de una forma que nunca hubiera imaginado.
Desde el primer momento, mi familia anfitriona me recibió con los brazos abiertos. Mis padres anfitriones, Carolina y Mattia, y sus dos hijos, Ginni (7 años) y Greg (10 años), me dieron una cálida bienvenida. Todavía recuerdo el primer día cuando llegué al aeropuerto. Los dos niños me dibujaron algo muy lindo y me saludaron con mucho cariño. Esta cálida bienvenida me ayudó a adaptarme rápidamente y a superar mi nerviosismo inicial.
Mi rutina diaria como Au Pair solía empezar a las 7:30 de la mañana; no tenía que ayudar a preparar a los niños y luego llevaba a ella (Ginni) a la escuela. Después de eso tenía unas horas de tiempo libre, que a menudo usaba para explorar los alrededores, asistir a cursos de idiomas o reunirme con otras Au Pairs. Por la tarde (normalmente a las 2 p. m.) recogía a la hija del colegio, la ayudaba con los deberes, jugaba con ella en el parque (justo al lado) o en casa, y también la llevaba a sus actividades. Por las noches, casi nunca preparaba la cena, pero sí ponía la mesa para ayudar a mi madre anfitriona, y también ayudaba a lavar los platos después.
Uno de los mayores retos, pero también una de las experiencias más valiosas, fue aprender italiano. Aunque no tenía ningún conocimiento básico, aprendí el idioma relativamente rápido, ya que siempre hablaban en italiano entre ellos durante la cena y pude aprender muchas palabras escuchando con atención.
Además del idioma, lo que más me fascinó fue la cultura. Italia es conocida por su rica historia, sus especialidades culinarias y su estilo de vida, «la dolce vita». Mi familia anfitriona me permitió experimentar todo esto de primera mano, especialmente en el ámbito culinario.
Otro punto destacado de mi estancia como Au Pair fue la estrecha relación que construí con los niños. Ginni y Greg eran tímidos al principio, pero poco a poco nos convertimos en una pequeña familia. Pasamos muchas horas jugando, bailando y viviendo aventuras juntos en el parque (sobre todo con Ginni). Fue muy gratificante ver cómo confiaban cada vez más en mí y me consideraban parte integral de su vida cotidiana.
Por supuesto, también hubo desafíos. No siempre fue fácil estar lejos de mi propia familia y amigos. Además, era mi primera experiencia como au pair y, lógicamente, no podía dominarlo todo a la perfección desde el principio, pero gracias a la comunicación abierta y honesta, esto se resolvió rápidamente.
Mirando hacia atrás, mi año como Au Pair fue uno de los momentos más formativos de mi vida. No solo aprendí un nuevo idioma y una nueva cultura, sino que también hice muchas amistades valiosas y acumulé innumerables recuerdos. Mi familia anfitriona se convirtió en un segundo hogar para mí y estoy eternamente agradecida por esta experiencia única. Cualquiera que tenga la oportunidad de irse al extranjero como Au Pair debería aprovecharla: es un viaje que nunca olvidarás.